lunes, 19 de mayo de 2014

How to be parents in 10 lessons


      So that my British friends can enjoy it, I translated into English (in my best possible way) a hilarious text found in that blog (http://juanberpor.wordpress.com/2010/10/20/ser-padres-en-10-lecciones-segun-goma-espuma/). It's made by two famous Spanish comediants (Gomaespuma). I hope you enjoy it!

HOW TO BE PARENTS IN 10 LESSONS

1-    To live the pregnancy experience: Hang a bag full of beans over your belly and add a handful of beans everyday during nine months. After those nine months, open the bag and take out the 90% of the beans.

2-    Before rushing into having kids, look for a couple that already had them and study them carefully. Criticize their discipline methods, their lack of patience, their ridiculous levels of tolerance and also criticize them for letting their kids behave like wild creatures. Suggest them some ways of improving the children behaviour at bed time, mealtime or when going to the toilet. Make the most of the experience: that will be the last time you get all the answers.

3-    To get an IDEA about how your nights will be, get a soaked big pillow (between 4 and 6 kilograms) and walk around the living room carrying it in your arms, without sitting down, from 5 pm to 10 pm. Drop it at 10 pm, set the alarm clock to sound at midnight and get some sleep. When the alarm clock sounds at midnight, get up and walk with the soaked pillow again around the living room, while singing cradle songs in the dark. Repeat at 2 am, 4 am and 6 am. Optional: At 4 am you can drive your car around with the soaked pillow. Follow this routine during 5 years. Always put a smiley face.

4-    Is it possible to stand the kids inside the house? To find out, spread some Nutella over the sofa and some jam over the curtains. Hide a piece of battered fish behind your home stereo and leave it there for the whole summertime. Dip your fingers into the garden soil and drag them afterwards along the cleanest walls. Draw over the stains using coloured crayons. Buy five Doberman puppies and let them romp around your bedroom.

5-    Dressing a little kid is simple: First, buy an octopus, ask the greengrocer for a plastic mesh bag and try to introduce the octopus inside, in a way that no tentacle is getting out the holes of the mesh. Don’t get discouraged; you can take the whole morning.

6-    School age children: Keep an (empty) egg box. Turn it into a nice crocodile by using a pair of scissors. Now put a little carton, a ping pong ball and an empty cereals box together and build an exact copy of the Eiffel tower. Start this work at 11pm, time when your kid realised that it had to be ready for tomorrow. Excellent! Now wait for the teacher’s review.

7-    Change your two-door car for a truck. And don’t clean it anymore. After all, it’s a family car with no resale value.  Buy a chocolate ice-cream and smash it against the glove compartment. Introduce two 50 cent coins into the CD slot. Buy a family pack of cookies. Mash them for a while over the back seats. Get out the car and scratch both sides of the vehicle with the key. Perfect!

8-    Going to the supermarket. Take with you the most similar thing to a kid aged less than four (an adult goat would be ideal). If you are thinking about having more than one kid, take two loose goats. Do the shopping for the week without losing sight of the goats. Argue with the security staff, scaling positions (but always without losing sight of the goats). When reaching the store manager, choose another supermarket.

9-    Feeding a kid: Buy a watermelon, drain the content and make a little hole in the side. Hang it from the ceiling and hit it to make it bounce. Now get a plate of pumpkin purée. Try to introduce spoonfuls of purée inside the watermelon, while making them look like an aeroplane.  Keep trying until the half of the purée has been used. Then, pour the rest over your lap and spill a lot over the floor.

10- Bath time: Get an adult cat (preferably a stray or semi-wild cat). Put your best suit on (if man) or stockings and high heel shoes (if woman). Fill the bath with warm water and rubber toys. Then, introduce the cat into the bath and clean it with shampoo. After rinsing it and drying it with a towel, follow the previously indicated procedure of the octopus and the mesh bag, Repeat every night along 5 years.

If you manage to go through all these steps, you are ready to have children whenever you want. The rest will be the best thing ever happening in your life!

jueves, 27 de noviembre de 2008

Quisiera

A veces quisiera lo nunca posible.

Quisiera curar al tetrapléjico. Hacer girar las agujas de la naturaleza hasta antes de aquel fatal segundo. Restañar heridas mortales. Eliminar enloquecidas masas internas que devoran y consumen un universo. Darle hogar al desahuciado. Mandar un torrente de luz a la mente de aquellos que se ven acechados por una constante pesadilla. Devolver la lozanía a los ancianos que ven cerca el final de su viaje. Un padre a un huérfano. Un marido a una viuda.

Pero no, no, no puedo. Algo me ata al suelo, y me hace mirar al cielo con rabia y desesperación.
El mundo gira, y no se detiene.


... Y es que el hombre es una caña, la más débil de todas...

Y constatarlo es terrible.

domingo, 17 de agosto de 2008

HZ: "Hurjenzias"

Hoy por fin voy a hacer caso de las voces de mis 4 asiduos lectores ("a ver cuándo actualizamos el blog" ... "a ver si te escribes algo", "mira que estás perra" y otros "averes"), y voy a volver a publicar otra entrada. No lo quería hacer, por miedo a fabricar otro exabrupto como el de las elecciones, pero las circunstancias me han obligado. Sí, esas mismas que me impedían actualizar esta paginica ahora me van a servir para algo productivo. Va por ustedes: las "hurjenzias".

Un día de guardia empieza con la comida de la cafetería-comedor del hospital. Habitualmente consiste en el binomio "arroz + x", siendo "x" una variable formada por el CAE (Conjunto Aterogénico de Elementos, tales como chorizos, morcillas, chistorras, huevos, bacon, patatas fritas, etc). Si no te gustan, siempre puedes pedirte una ensalada plastificada con sabor a polímeros, o un vaso de gazpacho. Total, los directivos del hospital saben que no vas a morir de hambre, ya que han calculado la cantidad de glucagón que vas a liberar gracias al apretón de suprarrenales que supone cada una de estas jornadas.

Ejemplo de paciente que acude a Urgencias (Y este caso es real como la vida misma). Coges la hoja de triaje:

“Motivo de consulta: Cefalea. Mareos. Fiebre”.

Dios. ¿Qué será esto? ¿Un caso de encefalitis malaya de las montañas rocosas? ¿Un comienzo de meningitis? Voy corriendo a ver.

Llamo por megafonía a la paciente, y la veo venir con paso alegre, rostro sereno, charlando amigablemente con su acompañante. La hago entrar al box, y tras interrogarle por sus antecedentes patológicos, alergias medicamentosas y demás, llego a la pregunta clave:

“Bueno, cuénteme qué le ocurre”

verá, es que tengo un dolorcito de cabeza que se me coge aquí por las sienes…

“¿Desde cuándo le pasa?”

Uy…. Desde hace meses

“¿cuándo le ocurre?”

pues sobretodo cuando se nubla el día, o estoy mucho tiempo al sol… además, también en esos casos me suelo sentir así como mareada…

“y esto de la fiebre que dijo en triaje?”

sí, anoche me noté con unas calenturas”… (nota: mes de julio).

Voy a ponerle el termómetro... (temperatura: 36,5)

uy, pues eso para mí es fiebre, porque yo de normal tengo 35…

“está tomando algún medicamento para paliar para ese dolor de cabeza?”

no

(silencio sepulcral)

“me has visto cara de gelocatil???” “pues vamos a empezar con un analgésico”…

Cuando vuelves de darle el informe de alta, pasas por debajo del cartel que reza “servicio orgánico de URGENCIAS”. Suspiras, y entras de nuevo a la sala de médicos.


Capítulo dos: los recomendados.

Otra de las especies que te pueden dar la tarde (o noche, según el caso) son los “recomendados”.

Una persona ataviada con los atuendos del hospital hace su entrada a la sala. Cuando recita las palabras mágicas “¿quién lleva a Fulanito Fulánez?”.

Tú andas absorta en tus miles de altas por dar y pruebas diagnósticas que analizar, y ni te percatas de la pregunta, hasta que la repite otra vez: “¿¿quién lleva a Fulanito Fulánez??"

Miras encima de la mesa, y un retortijón recorre tu yeyuno cuando constatas que la historia de Fulánez está debajo del cartelito que lleva tu apellido.

“Yo….” (contestas tímidamente)

La persona, que se identifica como “la celadora del servicio de lavandería del semisótano del ala norte del pabellón infantil”, acude hacia ti con paso firme, te estampa la historia hasta lo más hondo de tus cilios nasales, y te dice amigablemente: “Mira, resulta que éste es el padre de la tía política de mi prima, que a ver si le podéis mirar un dolor de barriga que tiene desde hace dos días… y al ser posible, rapidito, que tiene que coger el metro para volver a su casa”.

Miras la mesa, con las ocho mil historias jugando al corro de la patata, y le contestas “pues mira cómo está urgencias esta tarde, estamos un poco desbordados, yo lo atenderé, pero en cuanto pueda”…

La celadora cambia el rictus del rostro y te contesta con un “bueno, tranquila, no pasa nada, tú cuando puedas”, que enmascara un “como no lo veas en menos de media hora te voy a machacar, gusana miserable”.

Tú sigues en tu vorágine de historias, resultados, analíticas, placas, nuevas consultas, interconsultas a especialistas, y, cuando consigues dar un par de altas, por fin llegas, tras una hora, a poder estar en condiciones de atender a Fulánez.

Después de historiarle, y solicitarle las pruebas complementarias oportunas, la celadora se ofrece amablemente a tramitárselas con un “tranquila, chica, que yo me encargo de llevarlo a rayos, recoger las analíticas y todo”, sin darse cuenta de que a ti te la pela que sea ella quien le recoja las pruebas, pues el resultado para ti va a ser el mismo o peor, por lo que más adelante expondremos.

Mientras, tú vuelves a la sala y ves que las historias que tenías encima de la mesa se han reproducido asexualmente, y donde antes había dos, ahora hay cuatro, y encima, dos de ellas, tienen, además de su problema de base, la tensión por encima de 200 de sistólica y 100 de diastólica.

Vas corriendo a atenderles, media hora de tiempo de historiar por cada uno de ellos, mas un cuarto de hora de tratamientos y tramitación de pruebas, además del seguimiento de la tensión tras administración de fármaco, que dura una hora. Miras el mostrador. Ya han llegado las analíticas de los 3 pacientes pendientes de antes de la llegada de la susodicha. Y ahí tienes a la celadora. “Oye, que ya están las pruebas de Fulánez, ya me he encargado yo personalmente de recogerlas

“ya voy, un momento por favor, que estoy pendiente de dar tres altas”

Dos de las tres altas requerían interconsulta con especialistas, lo cual alarga el tiempo de espera a media hora más por lo menos, y en ese momento, te cae encima de la mesa un paciente recién llegado con un electro sugestivo de infarto agudo de miocardio.

Voy volando.

Tras historiar al paciente, y efectivamente constatar que está sufriendo un infarto agudo de miocardio, sales a buscar a los celadores para que se lleven al hombre a observación, momento en el cual, se te echan encima los familiares de los 4 pendientes que se encuentran en la sala:

oye, a ver cuándo me miráis ya las pruebas, que llevo aquí desde las cuatro…

oye, están ya los resultados de las analíticas??”

esto es una vergüenza, como no me déis ya el alta, me voy de aquí a los juzgados…

que tiene ochenta añooooosssss!!!! No se puede tener a una señora de ochenta años aquí esperando!!!

Y para colmo, la recomendada, haciendo los coros “que ya estan las pruebas, que yo lo séee, que he ido personalmente a recogerlas!!!”

Es en ese momento cuando, después de años de puteo para sacar buena nota en BUP y selectividad, seis años encerrada en la carrera y otro año de soga al cuello preparando el examen MIR para una profesión hacia la que, con la inocencia de los 18 años, mirabas con ánimos de “ayudar a los demás”, te empiezan a rondar pensamientos autodestructivos de “me quiero morir”, “me voy a cortar las venas” “quién me mandó a mí meterme en este berenjenal”… etc, etc.

Y encima son las 9 de la noche, y llevas desde las 3 sin poder ni parar para ir al WC. ¿mereces que te chillen después de todo lo anterior? No. No podrán contigo. Tomas aire, y en vez de usarlo para soltar un “VESTE A LA MIERDAAAAAAAAAAAaaaAAAA” típico del Gañán o de Marcial, lo usas para vencer el nudo de tu garganta, y empezar a repartir altas como una posesa, aprovechando que lleva un rato sin venir pacientes urgentes.

Tras confeccionar el alta de Fulánez con los resultados de las pruebas, y constatar que su diagnóstico es una chorralgia, le observas alejarse. Miras tu reloj. Las 23:00. El último metro pasó hace dos minutos. Lástima.

Capítulo tres: Me duele el codo. Quiero una resonancia. Ahora. Ya.

Otra de las cosas que me destrozan: el ver encima de la mesa una historia con la frase: “dolor de rodilla de cuatro meses de evolución que no cede con tratamiento. No traumatismo previo”. Miras la hoja de urgencias. Edad: 60 años.

La llamas, y la pasas a la consulta.

Mire, es que tengo un dolor de rodilla que me lleva rondando ya desde hace 5 años, pero hace 4 meses que ya se está haciendo insoportable, y no me cede con nada de lo que me tomo”…

“Señora, si le lleva doliendo ya años, y más intensamente desde hace 4 meses… ¿por qué viene a URGENCIAS en un día como hoy, a las 11 de la noche? ¿No tiene médico de cabecera?”

es queeee... es un dolor insoportable que no me deja vivirrrrr!!!… y no paro de decírselo al médico de cabecera, pero es que ya pasa de mí…

Cuando oigo esta última frase, tiemblo. No sé qué espera la señora que se haga EN URGENCIAS con una artrosis de años de evolución. Y más aún, si no cede con el tratamiento analgésico habitual (y su médico de cabecera ha probado ya con varios). ¿pensará que disponemos aquí de la poción mágica del druida de Astérix? ¿Las habichuelas mágicas de Songoku? ¿Amputaciones de rodilla urgentes? Sedación extrema con morfina??

“Señora, usted padece de artrosis, que es una patología crónica e irremediable con la edad, cuya principal manifestación es el dolor, cuyo tratamiento paliativo son los analgésicos, y cuya única solución erradicativa, en fases muy avanzadas, es la prótesis de rodilla, intervención programada realizada por un traumatólogo…”

¿¿Cómo?? ¿¿Y no me van a hacer una resonancia??” pregunta indignada la mujer.

En estos casos dan ganas de contestarle “Felicidades, su historia hace la número dos mil del Grand Prix de Urgencias, ha sido agraciada con una fabulosa resonancia cortesía de la Seguridad Social, además, con otra prueba diagnóstica que pida, le regalamos una termografía cerebral, para conocer las actividades de las distintas áreas del encéfalo que se activan cuando escucha una sinfonía o cuando escribe una nota, como en los reportajes de la QUO…

“no, señora, la resonancia es una prueba que no se realiza en urgencias para un dolor de rodilla, ya que no es necesaria para llegar al diagnóstico de ninguna patología sugestiva de atención urgente… aquí lo más que se le puede hacer es una radiografía para descartar fractura, y un cambio de tratamiento analgésico para probar con otro que le pueda ir mejor…”

Esto es indignante!!! Si me pido una resonancia por consultas me la van a dar de aquí a medio año!!!

“yo entiendo su postura, y sé que las listas de espera están muy mal en la Seguridad Social, pero esto es Urgencias, y tiene que comprender que aquí no se puede hacer nada más por usted…”

Qué vergüenza de médicos y de hospital… he perdido el tiempo

Con un bufido, abandona la consulta y el hospital. Yo pienso para mis adentros:

“lo que es una vergüenza es que gente como usted colapse las Urgencias y haga perder el tiempo a los pacientes que de verdad lo necesitan”…

Muchos de éstos incluso lo reconocen, y confiesan que utilizan Urgencias como vía rápida para ser atendidos, cuando se les ha hecho tarde para coger cita para su centro de salud, o cuando se les antoja no esperar un día.

Hay una máxima muy cierta: “la probabilidad de queja de un paciente si tarda en ser atendido es directamente proporcional a lo estúpido de su motivo de consulta”. Este tipo de pacientes no entienden el sentido de un servicio de Urgencias como lugar para atender pacientes con patología que NO puede ser resuelta en un centro de salud ni en consultas externas, o bien patología con compromiso de constantes vitales si no es atendida de inmediato; ejemplos comunes de ello: infartos de miocardio, accidentes, traumatismos craneoencefálicos, arritmias con potencial compromiso hemodinámico, fiebre que no cede, apendicitis, patología isquémica intestinal aguda, hemorragias, compromisos respiratorios, crisis psicóticas, etc. Los dolores articulares de meses de evolución, el dolorcito en el codo, los “mareos de toda la vida”, la “tensión baja desde que era una cría”, los dolorcitos de garganta que no ceden con el tratamiento pautado ayer, la cena que te sentó mal anoche, etc, NO son susceptibles de consulta de Urgencias.

Lo que resulta indignante es escuchar a estos últimos quejarse de “lo mal que están las Urgencias” cuando se tarda en atenderlos por dar prioridad a quienes de verdad lo necesitan, que, curiosamente, no suelen quejarse.

¿Sabéis que un día nos llegó un paciente a las 5 de la mañana consultando por una sudoración excesiva de pies? Esto no es coña: es real como la vida misma. Se le clasifica y se le tría, igual que a un infarto de miocardio, y existe la obligación de atenderlo. Y ojo con sugerirle que lo suyo no es un problema que haya que solucionar en Urgencias, porque pondrán el grito en el cielo amenazando con denunciar al hospital si “se niegan a atenderles”. Esto, además de a la risa, invita a la reflexión.

Todos estamos de acuerdo en que las esperas son horrorosas en la Seguridad Social, pero no… acudir a Urgencias "para que me vean antes" no es la solución.

lunes, 23 de junio de 2008

Sigo viva...

Ya sé que tengo el blog un poquito descuidado... lo siento, la dinámica del hospital me engulle!!
"Pronto" os pondré una entrada en condiciones.

De mientras, os cuento que todo va bien, y que las verdaderas PREGUNTAS DE MIR se hacen ahora.... jeje.

Besos y fins aviat!!

viernes, 9 de mayo de 2008

Ley de Murphy aplicada a bolsos - Principio de Ire

"La probabilidad de que un objeto se encuentre al fondo del bolso sepultado por el resto de su contenido, así como la inaccesibilidad al mismo, es directamente proporcional a su necesidad de uso inmediato"

lunes, 5 de mayo de 2008

Dedicado a esos 7 meses...

¿Sabéis? Una vez escuché que nuestra mente realiza una selección de nuestros recuerdos. Una especie de criba genial donde los fangos de los malos momentos son arrastrados por el torrente del tiempo, para dejar al descubierto esas piedras preciosas que son los momentos de felicidad. Durante mis meses de encierro opositor, quizás no encontrara ningún momento en el que sintiera las ganas de gritar a pleno pulmón que era la persona más feliz del mundo. Pero en estos casos es donde entran en juego más que nunca esos pequeños momentos que suelen pasar inadvertidos para nuestra conciencia, pero que quedan impregnados en los recovecos más insólitos de nuestro ser. Cuando baja la marea, salen a flote.

Recuerdo esas frías mañanas, en las que le ganábamos la partida al sol en el juego del más madrugador. La luz del flexo. El raspar de los subrayadores sobre los folios. El olor a tinta fresca del libro nuevo. Los relojes. El sandwich con zumo de la media mañana, momento de respiro del torbellino de conceptos que luchaban por posarse, cual nieve en el interior de una de esas bolitas de cristal con un abeto y un muñeco, que tanto gustan a los escaparates navideños. Los relojes. La furgoneta de la comida. Una ducha. Un suculento plato. Postre, música, libro al brazo, y marchando.

Recuerdo esa cuesta de Prado Picón, con sus aceras recubiertas de verdín. Ese respiro antes de entrar a clase. Risas. Charlas. Goteo de compañeros. Una coca cola, un café. Ya suena el timbre. No quiero entrar. Espera que me termine el café. Aún sigue entrando gente. Espera que aún no ha empezado. Parece que sí. Vamos para adentro.

Y así tocaban las 15:30 en las campanas de la catedral de Oviedo. Dentro del Seminario, libros abiertos sobre la mesa, silencio sobre la base de un murmullo. Quinientos alumnos observan, comentan, leen, siguen. En el centro, un profesor da voz a una clase "con probabilidad de caer". Con todos ustedes, llenando el espacio: el dulce sopor de la rutina. El tiempo que pasa. El hambre que arrecia. Las 18:30. Fin de la sesión.

Fuera nos esperaba la ciudad, en muy diferentes modalidades. En temporada estival, el sol vespertino invitaba a impregnarse de su luz en las calles. Era el momento de pasear por un Parque de Invierno atestado de chiquillos que, toalla al hombro y cabello mojado, se dirigían a casa tras la sesión de baño en la piscina del Polideportivo. Salir a correr por allí bajo la mirada de sus verdes colinas era un placer sobretodo para quienes proveníamos del secano. Correr hasta la extenuación, aflojar la marcha, volver la vista hacia el sol y observar cómo los edificios eran bañados por el brillo rojizo del ocaso era otra de las maravillas estivales. Son las ocho de la tarde. Se acabó. Tiempo de trabajo. Toca volver. Cansancio. Ducha. Abrir el libro de tests.

Durante unas horas: un crono, un mundo, un libro, 260 preguntas. Aún recuerdo la alegría de llegar a la última columna del impreso de respuestas de test. Fin. A cenar.

Con los nervios a flor de piel, las cosas se veían de otra manera. Cenábamos al son de "el hormiguero", y cualquier gag era aplaudido con sonoras carcajadas que luchaban por expulsar toda la tensión acumulada en el interior. Después postre, una tertulieta y a la cama. Al día siguiente, seguía en pié el juego con el sol: Si tú te levantas primero, te daré una preciosa tarde...

Los sábados de simulacro matutino era común acudir al seminario en una fresca mañana en la que el frío te helaba la tráquea, y la niebla envolvía las calles en una luz blanca y mortecina. El aire exhalado huía cual bocanada de vapor en una locomotora, y los ojos lloraban de frío. Al entrar al aula, se empañaban las gafas, y tras contemplar una divertida lucha de manos por hacerse con un cuadernillo y un par de hojas, se daba el pistoletazo de salida a otro simulacro más, en el que, cual sumidero al que se le quita el tapón, las primeras vueltas transcurrían lentas, acelerándose progresivamente conforme llegaba el final, hasta atravesar el límite de tiempo como un suspiro. Cuadernillos de corrección en cajas de cartón. A la salida, citando a Mecano: “barullo de murmullos que preguntan que qué tal… un desfile de zombis que abandonan el lugar”…

Después venía la parte más temida: la corrección. Un cosquilleo para las preguntas acertadas, respiración contenida para las falladas. Acertadas, falladas, incorrectas, resta, división. Si al restarle a este simu la nota del anterior el saldo era negativo, se añadía una pesa al plato de la balanza de la inquietud. Si era positivo, la satisfacción por el trabajo bien hecho aumentaba en un 100% las posibilidades de disfrutar plenamente el fin de semana que se avecinaba. Que ya estaba ahí. Y sí, otra de las cosas buenas de Oviedo era que se descansaba por Decreto Ley.

Llegaba la noche, y con ella, el momento de perderse. Cenita en casa o en algún mesón con aroma a sidra y quesos. Abrir la puerta y sentir una bofetada de frío: son las dos de la madrugada. La Plaza del Paraguas es un hervidero de juventud que grita, ríe y bebe: se trata del centro de la red de callejuelas de un casco antiguo plagado de tascas en penumbra, luces intermitentes, música, calor, piedra, gritos, risas, algarabía, adoquines, sidra, vasos, ruido de cristales, gente, gente y más gente. Llega la hora de recogerse, y ya casi amanece. Ruido de llaves. Hora de ponerse el pijama y dejar de lado la ropa que apesta a tabaco. Se apaga la lamparita de noche: fundido en negro, ya son las dos... de la tarde. Hora de tomar una ducha y comer algo. Café, tertulia, presión sobre los párpados, sueño, dolor de cabeza, cansancio. Hora de poner una película. Y mientras se consumen los fotogramas, llega la noche, la cena, los “buenas noches” y con ellos, la hora de sacar de la estantería el libro de la semana siguiente. “Uy, qué gordo es éste”… ¿Y cuánto va para mañana? ¿Lo pone en la primera hoja? No. Pues espera, que saco la calculadora… ummm… 120 hojas. ¿¿120 hojas?? Sí… 120 hojas. Mañana a las 7 arriba. Si me quedo dormida me despertáis a hostias. Descuida…

Y entre la corrección del simulacro y el “mañana a las 7 arriba” discurrían nuestros fines de semana… Unos rutinarios como éste, y otros cargados de momentos para el recuerdo, como el de la presentación de Fernando Alonso en el balcón del ayuntamiento, El GP final de F1 en el Auditorio Príncipe Felipe, los viajes a Covadonga, Gijón, Arriondas, Cudillero… Lugares preciosos, imágenes que atraviesan la lente de tus pupilas para quedar fijadas en el alma, y ser reveladas hasta la saciedad en cada recuerdo.

Se acercaba la tercera vuelta y con ella, el frío, la niebla, las heladas y la inquietud. Noches al abrigo de la calefacción, luz sobre las hojas del libro, mientras al otro lado del cristal, el cielo nublado se venía abajo y el alumbrado público revelaba en su cerco de luz amarillenta un manto de gotitas que caían lentamente sobre las calles desiertas, fenómeno éste cuya contemplación constituía uno de los pocos placeres de esas noches de tests invernales. La gente en clase comienza a contar los días, y se preguntan incrédulos entre ellos si son conscientes de la trascendencia del poco tiempo que les separa del momento soñado y temido a partes iguales.

Y así, tres dos o uno, se acerca la hora. El día del MIR ya comienza a llamarse “el sábado”. Excursiones al Campus de Oviedo para localizar el lugar de examen. Planes de fiesta post-MIR. Último simulacro, última corrección, últimas clases. Emoción, nervios, despedidas. Ahora empiezas a ser consciente de lo que dejarás atrás…

El “día M” transcurre en un susurro. Ya estás fuera del aula, y es de noche. A tu alrededor gritos de alivio, rostros desencajados, llantos de emoción, familiares abrazados, descorchar de botellas, risas, euforia, cansancio. Planes de fiesta. Y así, esa noche, las calles de la capital del Reino Astur se convierten en el segundo mayor hervidero del año tras las fiestas de San Mateo. No se puede entrar a ningún local. Al Domingo siguiente, calles desiertas.

Y con ello, se da el pistoletazo de salida al vaciamiento de los pisos, el intercambio de direcciones de contacto, los planes de vacaciones, las promesas de volver a verse y las despedidas. Y después, el viaje a casa: el big bang que volverá a dispersarnos a todos por la geografía española, volviendo al punto de partida anterior a aquel mes de Julio, en un rewind sin retorno en el que el futuro ya no será el mismo: ahora sí que tenemos por delante las vacaciones que no pudimos disfrutar en verano. La suerte estaba echada, y nos volveríamos a reunir en Madrid…

Todo pasó, y ahora se acerca otra vez el verano. Cuando me incorpore a trabajar el día 19 de mayo, quizás una mañana saliente de guardia me cruce por la calle a alguno de esos chavales ojerosos con traje de corbata acompañados por esas chicas con chal y vestido, con mocasines en los pies y taconazos en la mano, también salientes de otra guardia, pero ésta más especial: la Cena de Gala.


Quizás alguno de ellos atraviese las colinas asturianas en un mes y medio. Quizás alguno de ellos acuda, perdido, a la calle Prado Picón con un plano en la mano. Sonreirán al escuchar las campanas de Oviedo tañir alegremente el “Asturias Patria Querida” en cada hora punta. Degustarán los manjares de la Calle Gascona. Caerán a las aguas del Sella cuando su canoa encalle en un arrumbamiento de cantos rodados, y serán presa de la risa. Gijón los embrujará con su Semana Negra y la inmensidad de su Playa de San Lorenzo. Vibrarán con los conciertos de la Semana de San Mateo, y quien sabe si con algún nuevo amor…

… ah, se me olvidaba… y prepararán el MIR.


Desde “la otra orilla”… les deseo muchísima suerte.

domingo, 13 de abril de 2008

Alegría

Gracias. Gracias a quien sea que maneja los hilos en el mundo que nos rodea. Gracias a quien planifica las carambolas que suceden en esta vida. Gracias a quien pone las cosas ahí, en ese momento, cuando te las veías arrebatadas de la mano.

No tengo una plaza... tengo MI PLAZA....

Una plaza que ni hubiera imaginado meses atrás... una plaza por la que hubiese firmado antes de empezar el MIR... ... ... ¡¡ya no te escapas!!

Soy feliz. Y me alegro mucho de que prácticamente todos mis compis también lo sean. Enhorabuena a tod@s. Creo que nos la merecemos.

Os pongo un párrafo de la famosa "Ironic", de Alanis Morrissette... me aferré a él hace un par de meses, y hoy se ha cumplido.

Well life has a funny way of sneaking up on you
When you think everything's okay and everything's going right

And life has a funny way of helping you out when
You think everything's gone wrong and everything blows up
In your face


Es cierto. Muy cierto. La vida está llena de ironías y vicisitudes. Sólo hay que estar atent@ a ellas... porque TODAS nos guardan una enseñanza... y pienso que es nuestra tarea en este mundo descubrirlas...

miércoles, 9 de abril de 2008

...Allá vamos...

Perdonad que no haya actualizado el blog tal y como narré días antes... los coletazos de la bronquitis que me traje de Suiza, así como el estrés del seguimiento de los actos de asignación de plazas para el MIR vía Internet, me han atrapado y me han robado la inspiración...

Ahora soy yo la que parte para el Ministerio....


Viernes...
8:45 de la mañana...
Allí estaré...

Enhorabuena a tod@s l@s que han elegido... suerte a tod@s l@s que elegirán...

jueves, 3 de abril de 2008

Helvetia

Esta pasada semana me he ausentado de los cibermundos por una buena causa: embarcarme en mi único viaje post-MIR. El destino elegido: Suiza. Sucedió una noche que unas amigas y yo decidimos que nos íbamos de viaje tras acabar nuestras respectivas carreras. El destino inicial iba a ser Noruega, pero las grandes distancias entre los puntos turísticos importantes de este país, unidas al encarecimiento del billete de avión, la climatología, etc. nos hicieron buscar otros destinos.

Una noche de Marzo, las tantas de la madrugada, por el msn: "A dónde nos vamos??" "Mira a ver Copenhague, yo estoy mirando Londres" ... "No... demasiado caro, faltan un par de semanas y pocos días para la fecha de partida, y todo está ya por las nubes..." "Berlin??" "No, demasiado tarde; ya ronda los 300 ida y vuelta...". "He encontrado uno a Ginebra por 140 € ida y vuelta"... "Ginebra?? 140€ ida y vuelta??.. píllalo, píllalo!!"... "Espera, voy a ver por cuánto sale a Berna, la capi..." "250.. mmm... va a ser que pillamos Ginebra, no?? Es el único que baja de 200..." "síiii, cógelo!"

Ahí estaban. Comprados. Tres billetes de ida a Ginebra el 25 de Marzo, y vuelta el 1 de Abril... La vida entre esas dos fechas: una incógnita. Lo mismo no quedaba alojamiento y nos teníamos que comer el billete de avión con patatas...

Comenzó entonces una búsqueda desesperada de información acerca de este país: Sitios de obligada visita, cuadrar los destinos con los viajes, alojamientos, emplazamientos de los mismos... vamos, hacer la "hoja de ruta" del viaje.

Empecé a buscar webs turísticas, entre ellas ésta, que viene bien para conocer los lugares interesantes, pero cuyo recorrido propuesto resultaba impracticable sin echar el higadillo. Al final, llegamos a la conclusión de que los destinos óptimos eran Berna, Lucerna, Interlaken y Ginebra. Nos íbamos a mover en tren, y nuestro lugar de ida y vuelta a España se encontraba marginado a la izquierda del mapa helvético, así que no podíamos adentrarnos mucho por las profundidades del país...

Ya que nos desplazaríamos sobre raíles, empezamos a buscar información acerca de trenes, horarios, etc, y encontramos un item muy útil: el Swiss Pass. Se trata de un billete que te permite viajar en tren al destino suizo que quieras, durante un número de días determinado. También cubría el importe de otros medios de transporte, como barcos, buses urbanos, tranvías, etc, y suponía descuentos en museos y otras actividades. Muy útil, porque el transporte en Suiza es carísimo, y con este billete te ahorras quebraderos de cabeza, esperas en la ventanilla, etc. Además, íbamos a coger el tren casi todos los días, así que parecía rentable... A posteriori, y tras informarnos in situ del importe de los trenes allí, os corroboro que que sale rentable. Muy rentable. Así que si planeáis realizar un viaje en las mismas circunstancias que el mío, no dudéis en conseguirlo.

Un apunte importante (cuyo desconocimiento estuvo a punto de provocarnos un quebradero de cabeza): el Swiss Pass carece de soporte electrónico. Es decir, no puedes imprimírtelo en casa tras comprarlo por Internet, como los billetes de Renfe. No hay localizadores para él, ni nada por el estilo. Tienes que obtenerlo en determinadas agencias de viajes aquí en España... y en algunos sitios he leído que también está disponible en aeropuertos y estaciones de tren de allí, lo cual parece lógico, pero no lo hemos corroborado.
Nosotras conseguimos los pases a última hora la tarde antes de partir, en la Traveloteca de Madrid, aprovechando que nuestro vuelo despegaba desde la capi. Nos los hicieron al instante...

Una vez reservados los hoteles por Internet, ya estaba todo listo... y a las 9:15 de la mañana del martes 25 de marzo, el vuelo IB3480 ponía rumbo a Genève...

Durante los días próximos, os iré poniendo la bitácora del viaje...

Hasta pronto!

miércoles, 19 de marzo de 2008

¿Qué le voy a hacer, si yo....

Para quienes conozcáis la tremenda canción de Serrat, no hacen falta más palabras...

Hoy he vuelto a visitarle, después de 8 meses y tres semanas. Afortunadamente sigue igual. Su brisa trae el mismo aroma, y la hermosura del color que devuelve al cielo brilla con la misma intensidad de siempre.

Sabía que le echaba de menos, y me ha dejado retratarle.

No cambies nunca...

(PD: Espero que no se ponga celoso y me permita compartir su belleza con el resto de navegantes. ¡Va por vosotros!).



... Ah, se me olvidaba.... felicidades a tod@s los pep@s y padres... y als valencians... bones festes!!

lunes, 10 de marzo de 2008

Kiwi!

Os pego una preciosa animación de youtube que me han enviado hoy...



¿Cuántos de nosotros nos construimos también el mundo a nuestra medida para volar tal y como desearíamos?

lunes, 3 de marzo de 2008

Vótame a mí...

Cualquiera que haya paseado un poco por la calle o haya visto la tele estos días, habrá caído en la cuenta de que nos encontramos en plena campaña electoral.

Y es que, parte del mobiliario urbano se transforma para convertirse en un escaparate de elementos curiosos y absurdos. Veamos unos ejemplos.

Primer elemento absurdo: Los carteles electorales. Papelorios consistentes en el careto del candidato al cual quieren que votemos, con un eslógan debajo. Con lo cual la estructura sería algo así como: "VOTA (careto) PARTIDO X", y una frase hipócrita y absurda del tipo "por el progreso", "las cosas claras", "nosotros no mentimos", "si no me votas a mí, ganará el tarugo del otro", etc. Si las pobres paredes se pudieran defender... no dejarían ver aumentada su gruesa coraza de pegamento, papeles y porquería ni en un milímetro más.
Y es que resulta cómico caminar por la calle tranquilamente, o ir conduciendo el coche por una autovía y de repente alzar la vista y verte sorprendida (y a veces asustada) por un careto de dimensiones titánicas mirándote ahí con su sonrisa forzada, en un panel enorme. Sí, ese señor con chófer, con un sueldazo vitalicio impresionante, con varios chalets, con coche blindado, y cuyos hijos no tendrán que pagar una hipoteca (se me olvidaba decir que por supuesto él tampoco), ni manifestarse por unos sueldos irrisorios... ¡me está pidiendo desesperadamente que le vote! Sí, por favor... ¡vótame! ¡No votes al otro!. Reconozco que ser (como potencial electora) el objeto de tantas atenciones y esfuerzos estos días (totalmente ausentes durante el resto del año y/o años) me hace sentir especial, si, si. Que un tío con tanto poder e influencia no duerma pensando en que a lo mejor no me da la gana de votarle me hace notarme más especial, más grande, más... todo. Esto es lo único bueno de las campañas electorales. Cuando paseo por la calle y los miro a la cara ahí en 2D, con todo el trabajo de sus asesores de imagen para penetrar en mi subconsciente, y del photoshop, se me ríen los huesecillos y murmuro en voz baja: "pues ay, no sé... mira, me lo pensaré, a lo mejor te voto... puede que sí o puede que no... ja, ja, ja... hala, desvélate por las noches..."
Vamos a ver, criaturas de los partidos... ¿Creéis que cuando vaya a votar lo haré en función del careto menos feo que haya visto en los carteles? ¿Del eslógan más original? ¿De la corbata más bonita?
¿Por qué no os dedicáis a colgar los programas electorales, para que podamos enterarnos de qué váis?. Ya sé que luego no váis a cumplir ni la mitad de los puntos, pero por lo menos nos hacemos una idea.

Segundo elemento absurdo: Los coches electorales. Reconozco que este "invento" (por llamarlo de algún modo que no suene grosero) además de absurdo, es lo más molesto, ridículo y estúpido de la campaña electoral. La "idea" consiste en forrar un coche con remolque o una furgoneta de la misma basura que inunda las paredes de todas partes. Armarlo de un par de altavoces o megáfonos, y ponerlo a dar vueltas por la ciudad, molestando a todos los transeúntes que encuentre a su paso. Para que el invento se acerque más a lo "typical spanish", el coche debe ser viejo, con las llantas sucias, el churretón de gasolina saliendo del depósito, y los megáfonos A TODO TRAPO y lo más cascados posible (tiene que notarse vibrar la membrana suelta del altavoz a determinadas frecuencias de sonido para que sea lo más auténtico posible). El contenido del mensaje visual es el que ya conocemos. El contenido del mensaje sonoro es igual o más estúpido: una melodía (a cada cual más fea), y una voz chillona pidiéndote que acudas alegremente a votarles en el día de marras. El único efecto que consiguen estos cacharros cuando pasan a mi lado es que tenga que alzar la voz o chillar cuando voy charlando con alguien por la calle, o subirme el volumen del mp3 si voy sola, que, casualmente casi siempre suele andar por la parte de una canción que más me gusta, con lo cual me obligan luego a rebobinar y a gastar batería. ¡Agggg! Me cago en vosotros. El próximo camión tarugo de estos que me encuentre por la calle va a decidir mi voto: ¡voy a votar al otro! (¡ja, ja, ja!).
Vamos a ver, criaturas de los partidos: ¡eliminen este elemento de nuestras vidas, por favor! No tiene ningún sentido. Ninguno.

Tercer elemento absurdo, variante del anterior: las avionetas electorales. ¡¡Pero vamos a ver!! ¡Esto es juego sucio! Estamos cómodamente tomando un aperitivo en la playa (que es por donde suelen pulular estos vehículos). Oímos un ruido de motores. Una sombra planea sobre nosotros. Miramos al cielo. ¡Oh, es una avioneta!. Nos quedamos embobados mirando el aparato. Anda, pero si lleva un cartel... ¿qué pondrá?... tachán tachán... ¡¡pero si es un careto!! VOTA PARTIDO X. Pero vamos a ver, hombre de Dios, un respeto por la vida del piloto. Se le descaraja un tornillo al cacharro y es cuestión de segundos que el pobre hombre acabe con sus huesos haciéndole compañía a Nemo, David Jones, el kraken y otras criaturas en el fondo del mar. El epitafio que le acompañaría sería "muerto por llevar un cartel con un careto pidiendo el voto". Si yo fuera piloto, les exigiría un plus a estos sinvergüenzas por poner en peligro mi vida por una causa tan idiota.
Vamos a ver, criaturas de los partidos: eliminen también este elemento de nuestras vidas, por favor. Un respeto por la vida de los pilotos. Y por nuestras retinas. Teniendo el cuenta que el 90% de los días son soleados por aquí por el mediterráneo, ¿Les parece bonito tener a la gente mirando al cielo a ver qué dice la avioneta, con el sol cascándole en los ojos? Yo les metería una denuncia por cada retina quemada. Y luego: entérense de que un porcentaje importante de los observadores somos miopes, y no leemos bien lo que dice un cartelito a tropecientos metros... y que encima se mueve de un lado para otro.

Cuarto elemento absurdo: los cartelitos de "vota". Variante aún más absurda del primero. Os pongo en situación. Paseo por la calle. Un elemento nuevo aparece en las farolas. Es algo que cuelga. Es de un color plano. Tiene letras. La frase: "VOTA X". Ya está. Ni más ni menos. Esto ya sí que no merece comentarios. Pensar que los partidos políticos suponen la existencia de la figura del indeciso que camina por la calle, lée un cartelito que le dice "VOTA X", y piensa: "pues mira, me ha convencido, voy a votar X" me saca de mis casillas. Yo quisiera saber (aunque es imposible) qué porcentaje de electores tendría, como motivo de su voto a un determinado partido, marcada la casilla "voté a éste porque el cartelito de la farola de mi pueblo me dijo que lo hiciera". Seguro que habría alguno. Si existieran, su nombre debería de ser publicado en algún lugar para escarnio público, porque no se merecerían otra cosa.
Vamos a ver, criaturas de los partidos... si hubiera que empezar a eliminar elementos de la campaña electoral, éste sería el primero. Ahorráos esta pasta inútil en imprenta y logística, y gastadla en algo que de verdad nos sirva. Por ejemplo, comprad toneladas de jamón de pata negra y haced degustaciones masivas de embutido en la vía pública. Todos os lo agradeceríamos, y, hasta puede ser que os votáramos... jejeje.

Quinto elemento absurdo (al menos para los ciudadanos normales): Los mítines. Consisten en acaparar un lugar público de gran aforo (plaza de toros, palacio de deportes) durante una tarde o una mañana. Llenarlo con autobuses y autobuses de gente afiliada al partido X. Durante unas horas, estos afiliados (que constituyen el 99,9% de los presentes en el mitin), se dedican a escuchar por enésima vez las palabras y las ideas del líder de turno (que ya conocen a la perfección, y se resumen en "vamos a hacer lo mejor de lo mejor", "vamos a ganar" y, la que más me gusta: "el otro partido ha mentido a los ciudadanos", juas juas juas juas), a asentir como borregos y a mover banderitas. De fondo, una y otra vez la sintonía del camión "acartelado" de antes. Cuando estos "agitadores"(... de banderitas) bajen al día siguiente a las elecciones a comprar el pan, seguirá costando lo mismo, o más caro. ¿Por qué los "líderes" suben y bajan el brazo apuntando a la mesa con el dedo índice cada vez que dicen algo? ¿Está estudiado que eso produzca algún tipo de impresión en nosotros? Porque a mí me saca de quicio.
Vamos a ver, criaturas de los partidos. No eliminen este componente de la campaña. No es inútil del todo. Al menos sirve para fomentar las relaciones sociales de unos afiliados al partido X con otros afiliados al partido X, y así promover la pluralidad de ideas. Bravo. Aunque sería más divertido calzarle un par de guantes de boxeo a los afiliados más radicales y tarugos de cada partido, subirlos a un ring y darles unos minutos para liarse a mamporros. Ahí sí que disfrutaríamos todos, cual romanos en el circo. Y porque no hay leones, que si no...

Ejerceré mi derecho al voto, porque mira que nos ha costado, pero, ¡ay! cada año me lo ponen más y más difícil...

La culpa es del MIR, que me ha vuelto borde...

martes, 26 de febrero de 2008

Docentes en apuros

Hace unos días leí un artículo en un periódico digital que me causó gran tristeza:

Por primera vez en España, un juez ha dictado una orden de alejamiento para un menor. No podrá acercarse a un profesor de su colegio. El adolescente de 14 años amenazó e insultó a su profesor en varias ocasiones e, incluso, le intentó dar un patada en los genitales. El docente está de baja por depresión.


Una buena amiga de la infancia, que este curso se encuentra en su primer año de andadura docente como profesora de plástica en un centro de primaria y ESO, me lo recordó recientemente: "es que... Irene... tú no te imaginas cómo son los críos de hoy en día... esto es horrible. Te faltan al respeto. Te insultan, te maltratan".

La comprendí perfectamente, pues si hubo algo que me quedó claro a los 14 años (precisamente a la edad del "niño" agresor), tras dejar el colegio, fue que nunca sería profesora de EGB; en muchas ocasiones sentí pánico al ponerme en el lugar de mis profesores en determinadas situaciones, solos, intentando encauzar lo indomable.
Nunca fui lo que se dice una "niña revoltosa" dentro de las aulas (fuera de las mismas era otro cantar). El motivo de mis pocas expulsiones de clase "al pasillo" era casi siempre el mismo: algo me hacía reir sin poder parar, y acababa siendo un estorbo para el desarrollo normal de la clase.

Esta actitud de empatía hacia los profesores me sobrevino a raíz de una experiencia muy curiosa que me aconteció cuando contaba con diez añitos.

Corría el curso 1992-1993. Por aquel entonces, un petrolero de bandera griega llamado "Mar Egeo" se hundía frente a las costas de A Coruña. La bonita película de Disney "Aladdin" se estrenaba en los cines españoles. Tres niñas valencianas de un pueblo llamado Alcàsser eran secuestradas y asesinadas, provocando la neurosis en los padres de todo el país. España se encontraba bajo la resaca de las Olimpiadas de Barcelona y de la Expo de Sevilla, y una niña alumna de un colegio público en una ciudad murciana acudía a sus clases de 4º de EGB.

Una mañana, la profesora nos pidió en clase de lengua que hiciéramos para el día siguiente una redacción de tema libre, la más bonita de las cuales sería leída en público. Recuerdo que ese incentivo hizo que me pasara gran parte de esa tarde elaborando el escrito, del cual quedé muy orgullosa al terminar.

Al día siguiente todos los niños teníamos lista la redacción. La clase era la primera de la tarde, de 3 a 4, y a las 3:10 la profesora hizo su entrada en el aula. Lo cierto es que se comportaba de forma extraña. No paraba de reírse, se le trababa la lengua, andaba raro y decía una tontería detrás de otra. No pasó mucho tiempo antes de que sonara el timbre de la megafonía de la escuela, y la voz de la directora tronara por los altavoces: "atención niños... hemos tenido un aperitivo y a algunos de los profesores les ha sentado mal la comida y no se encuentran bien. Por favor, cuidad de ellos y no os portéis mal". Si mis ojos adultos hubieran juzgado esta estampa, el pedo de la profe era más evidente que un melón en una cesta de mandarinas, pero mi cerebrillo de 10 años prefirió creer a la directora, a pesar del evidente "pues a mí cuando me sienta mal la comida me duele la tripa y me dedico a vomitar, no a descojonarme".

Total, la profe se sentó en su silla, y nos dijo entre carcajadas: "hala, haced lo que queráis, que hoy me duele la cabeza". Se desató la algarabía en el aula. Yo, que ví desperdiciada mi tarde anterior y desvanecida la infantil ilusión de poder ganar el concurso de redacciones, me acerqué a la profesora abriéndome paso entre la turbamulta y la abordé inocentemente con un "seño, seño... ¿entonces no va a leer las redacciones y decidir cuál se lée en voz alta?". A la profesora se le iluminaron los ojos: acababa de encontrar una manera de rellenar con algo la hora de clase. Me cogió de la mano, me llevó hasta la mitad de la pizarra, y anunció: "Atención... Irene va a leer su redacción... escuchadla todos, eh?". Seguidamente se sentó ella en mi sillita, levantó el dedo y me dijo con sorna: "seño, seño... puede empezar a leer su redacción?".

En ese momento, reconozco que en mi pequeño mundo infantil me sentí inmensa e ilusionada. Yo estaba en medio de la clase... la profe me había dicho que YO era la profe... ¡e iba a demostrarles a todos mis compañeros lo bonita que era mi redacción! (ay, angelico). Tomé aire, me hinché cual pavo real, y comencé a leer vocalizando lo mejor posible.

No había acabado de leer el primer renglón cuando el volumen de decibelios del aula, que al comienzo era como un murmullo, aumentó de forma exponencial hasta convertirse en una cacofonía ensordecedora. Entonces paré y miré a la profesora, que estaba sentada en mi sillita charlando alegremente con mis compañeros de al lado, gesticulando con las manos, riendo e imitando burlonamente las maneras de los niños. Hasta que percibió que había parado de leer pasó un rato, y cuando me miró, yo ya estaba callada y cruzada de brazos con el gesto enojado. Aproveché ese momento y le dije: "seño, seño, que no me dejan leer... diles que se callen". La profesora soltó una socarrona carcajada, se encogió de hombros y me dijo " Ah!... tú eres la seño... HAZ QUE SE CALLEN".

Yo no estaba dispuesta a dejar desvanecerse "mi momento" así como así, y me dispuse a hacerles callar: ¡¡Yo disolvería la turbamulta con mis palabras!!, si, si. Hinché mis pulmones, y grité "¡¡¡CALLAROS!!!". Os podéis hacer una idea del ambiente de la clase si os digo que recuerdo que yo no me oí mi propia voz. Mi segunda embestida sonora contra la barrera de decibelios de las gargantas de mis compañeros acabó también estrellándose. Y así hasta tres o cuatro gritos cada vez más fuertes, que terminaron por arrasarme las cuerdas vocales. Confieso que hasta un brote de violencia llegó a recorrer mis adentros: apreté los puños y sentí ganas de empezar a liarme a mamporros con algunos de mis compañeros que casi se subían a las mesas. Pero no, no, no podía hacer eso. Si eran mis compañeros... ¿Por qué no se callaban? ¿Por qué no me dejaban leer? ¿Es que no querían escuchar "mi maravillosa redacción" que con tanta ilusión había preparado? No, yo no era tan maleducada... ¿o tal vez sí?

Me sentí atada de pies y manos. ¿Cómo hacer que guardaran silencio y me dejaran leer? ¿Cómo hacer que me escucharan y transmitir mi mensaje? No, no podía. Todas las formas de comunicación estaban imposibilitadas. Los gigantes de mis ilusiones infantiles se convirtieron en molinos de viento, y de repente tomé conciencia de mi situación: no era más que una mengaja de diez años a la que una profesora había puesto a leer un cuento delante de otro puñado de niños ansiosos por buscar un rato de ocio en lo que normalmente hubiera sido una aburrida clase de lengua. Evidentemente les importaba un bledo las cuatro líneas que yo había redactado y pretendía leer. Mira que eran crueles...... no, no, no... mira que éramos crueles, porque yo era una de ellos. De repente caí en la cuenta de que yo también había participado en aquellos escándalos sonoros que habían hecho enojarse a nuestra profesora más de una vez, cuando me empeñaba en cambiar cromos en vez de subrayar el sujeto y predicado de las frases, cuando comentaba lo gracioso que había sido el programa de "vídeos de primera" de la noche anterior, o simplemente me giraba para hablar con mi compañero de atrás dando la espalda a las explicaciones. Chiquilladas sin importancia.... para mí.

Al agrandarse el abismo que separaba mi interés por leer del de mis compañeros por escuchar, la rabia se tornó en desesperación, y ésta en tristeza. Noté un nudo en la garganta, y me empezó a temblar el labio. Estaba a punto de llorar. La profesora se dió cuenta, y cortó el ambiente con un "¡¡Oye, a ver si voy a tener que darle a Irene la libreta de notas y va a tener que empezar a poner negativos!!". Silencio sepulcral. ¡Se habían callado! ¿Cómo lo había hecho?

Volví a mi silla enfadada, y le dije que no quería leer ninguna redacción. Años más tarde, supe que en realidad me encontraba avergonzada. La profesora se agachó, me miró a la cara y me dijo: ¿ves? ¿te das cuenta de lo que pasamos los profesores cuando montáis esos jaleos?. Curioso cómo, gracias a un pedal, una profesora me enseñó una lección más importante que todas las matemáticas del curso.

Esto me marcó de por vida, y desde ese día, me lo pensé dos veces antes de seguir montando jaleo tras un apercibimiento. Por primera vez, sentí lo que luego supe que se llamaba empatía. Cuando, años más adelante, esos niños de 10 años pasaron a ser adolescentes de 14, los gritos y faltas de atención se convirtieron en faltas de respeto e insultos. Los incentivos y castigos impuestos por los profesores para ayudar al normal desarrollo de una clase y que funcionaban con niños más pequeños ahora eran inútiles, como mis gritos aquel día. La primera vez que vi a un profesor salir llorando de mi aula de 8º de EGB quedé muy impactada. La peana que los elevaba al estatus de autoridad que les corresponde fué derribada a patadas.

¿Cuál es la causa de esta falta de consideración con nuestros maestros? ¿Acaso la sociedad del bienestar y del consumo en que vivimos inmersos no contempla entre sus intereses la tarea de inculcar a los niños el merecido respeto que deben a sus mayores? ¿La culpa es de aquellos padres que se desentienden de la educación de sus hijos y esperan que se los eduque el estado?

Desde aquí mando mi apoyo a todos los docentes, y mis esperanzas en que un día consigan romper con su voz la barrera del desinterés y el error, y hacer llegar a los oídos de sus alumnos las lecciones que con tanta ilusión y empeño preparan para hacer de ellos hombres y mujeres de provecho en este mundo...

miércoles, 20 de febrero de 2008

De lunas y eclipses

Hace unos días ví en la tele que dentro de poco iba a haber un eclipse total de luna. Me puse a fisgar por internet en busca del cuándo y del dónde, y, mIRE usted por dónde... es la misma noche que salen las listas provisionales del MIR. Mofa y chascarrillo.

Entonces empecé a hacer memoria... y recordé cuándo había sido el último eclipse lunar que había presenciado.

Fue en Valencia, en el año 2004. Era primavera, y un grupo de amigas de mi Colegio Mayor subimos a la azotea a contemplar el espectáculo. Recuerdo que tomé unas fotos, así que las busqué y las encontré. Gracias a las "propiedades de fichero" pude ver las fechas de las fotos, y al fin he podido afinar al 100%: Se trataba del eclipse total lunar del 4 de mayo del 2004. Gracias a la Wikipedia (eclipse lunar), he podido sacar con detalle las horas clave de aquel bonito eclipse:

Fecha Comienzo del eclipse penumbral Comienzo del eclipse parcial Comienzo de la totalidad Máximo/tipo Fin de la totalidad Fin del eclipse parcial Fin del eclipse penumbral Tamaño
4 de mayo de 2004 18:51 19:48 20:52 21:30/total 22:08 23:12 00:09 1,309


Las horas son UTC, y en España somos UTC+1, así que toca sumarles 1...

He rescatado para compartirlas con vosotr@s las fotos que hice de la luna aquella noche del 2004. Ahí van!



¡¡Sí, ahí tenéis la famosa Lluna de València, erigiéndose majestuosa sobre el skyline de la Capital del Turia!! ¿A que parecía un sol nocturno? Era una auténtica Lluna plena, com dirien els valencians. Hora de la foto: 22:38, el día siguiente al del eclipse (5/5/04). En realidad, tendría que haber sido la última foto de la serie, pero va la primera... por ser la más bonita.



Segunda. Día del eclipse. Hora de la foto: 21:38 (4/5/04). La luna empieza su juego del escondite. Parece un anillo de sello...



Ya casi entra en la fase de eclipse total. 21:53. Parece sacada de una peli, ¿eh? Con su piquito luminoso, tan redondita...



Esta fue la luna más eclipsada que pudimos ver desde Valencia. No nos encontrábamos dentro del área geográfica con cobertura total del suceso. Es una lluna tarongeta!! Casi hace juego con el edificio de abajo... jeje. 21:58... a partir de aquí, todo volvería poco a poco a la normalidad...

Si queréis consultar una carta de la NASA con todos los parámetros de aquel eclipse, podéis mirarla aquí. No entiendo casi ninguna de las coordenadas que nos indican, pero bueno, abajo podéis ver lo que os dije de las áreas de la Tierra que tuvieron posibilidad de verlo al completo... como podéis comprobar, nos pilló casi de "refilón"...

Ocho días después de aquel eclipse, en un lugar de aquel planeta que jugaba a las sombras chinescas con la luna, los estudiantes de 3º de medicina de mi facultad nos manifestábamos pancarta en mano frente a las puertas de la Consellería de Sanitat para exigir unas prácticas dignas en 4º, 5º y 6º... manifestación que acabó como el 95% de las que se llevan a cabo en este país, es decir, con las cosas exactamente igual que estaban antes de que sonara el primer silbato de la misma.

Bueno, espero que os haya gustado este pequeño viaje a aquel eclipse del pasado... jejeje.

Y, sacada de la misma web de la wikipedia, aquí os pongo la tablita del eclipse de mañana:

Fecha Comienzo del eclipse penumbral Comienzo del eclipse parcial Comienzo de la totalidad Máximo/tipo Fin de la totalidad Fin del eclipse parcial Fin del eclipse penumbral Tamaño
21 de febrero de 200800:3501:4203:0003:26/total03:5105:0906:171,112

Como podéis suponer, no saldré a "cazar" éste con la cámara. Primero por la razón más obvia: el eclipse parte la madrugada. Segundo, porque probablemente las nubes no dejen observarlo.

Esta vez, esos estudiantes de 3º de medicina, cuatro años mayores, junto con los del resto de España, se sentarán delante de un ordenador y teclearán la dirección de una web, para conocer si lo que es digno esta vez es la nota que les permitirá trabajar... en lo que desean.

Qué cosas tienen estos terrícolas... pensará la luna.
Buenas noches.

lunes, 18 de febrero de 2008

Ryuichi Sakamoto (坂本 龍)

¿Lo conocéis? Es un genio japonés que ha compuesto melodías para la BSO de películas como "Merry Christmas, Mr Lawrence", "Babel" y "El último emperador", entre otras...

Como buena "loca de la música", me veo en la obligación de poneros unos vídeos de las que considero algunas de sus obras más bonitas, en directo...

Bibo No Aozora (Babel BSO). Muy melancólica. Una melodía preciosa. Quienes hayáis visto la peli, probablemente os suene. Aparece al final, más o menos.



Merry Christmas Mr. Lawrence.



The Sheltering Sky:



Rain (El Último Emperador, OST). Quizás sea la que más os suene. Está llena de energía.



Espero que os gusten.... Las canciones son preciosas.